Capítulo de Libro: "Jóvenes indígenas y Universidades convencionales" - Dra. Gabriela Victoria Czarny Krischkautzky, 2015

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Este trabajo forma parte de la investigación que desarrollé sobre los significados que adquiere la escolaridad para estudiantes indígenas en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco (upn Ajusco) de la Ciudad de México (Czarny, 2009). Particularmente y a través del trabajo realizado con jóvenes indígenas en la upn Ajusco pretendo mostrar la heterogeneidad de condiciones en que se reproduce la construcción de la pertenencia étnico-comunitaria, así como algunos aspectos de la tensión que viven en la reconformación identitaria que se genera en los procesos de profesionalización en escenarios como una universidad pública en la Ciudad de México. Analizar estas experiencias, las que forman parte de lo que en la discusión se conoce como instituciones convencionales –esto es, no las recientes universidades interculturales o indígenas–, puede contribuir a reconocer los múltiples significados que tiene la universidad en tanto espacio potenciador en sociedades como la mexicana que se definen como pluriculturales.

Pretendo aportar al debate sobre el lugar que deben ocupar las universidades convencionales en la conformación de Ciudadanías interculturales. Este concepto, acuñado por un sector de las organizaciones indígenas y otras –aún desde la marginalidad y la subalternidad–, implica a plenitud la igualdad de condiciones para que a través de estas nuevas formas de ciudadanía se aseguren su pervivencia y continuidad como colectividades socioculturales diferentes pero desde un plano de igualdad que los incluya en el reconocimiento de su especificidad (Prada y López, 2009).

Sobre ello, un debate en América Latina plantea que las instituciones de educación superior (ies) tienen un papel fundamental en la construcción de una ciudadanía intercultural. En éste se sostiene que la universidad con sus tradicionales funciones, es un espacio privilegiado para el procesamiento de proyectos sociales contemporáneos ya que, de distintas maneras y grados, está conectada a los procesos que ocurren en la sociedad y en su entorno inmediato. Por ello, aunque la tendencia hegemónica sobre el deber ser de la educación superior sea la formación de recursos humanos para el mercado, puede considerarse que aún conserva un papel de intermediación con la sociedad. Continúa siendo un espacio de diálogo con las distintas realidades que conviven en la sociedad, al mismo tiempo que un lugar para la reflexión crítica y de debate sobre los proyectos que se buscan construir. Retomando estas perspectivas y como lo señala Bello (2009), si gran parte de las sociedades latinoamericanas se reconocen como multi o interculurales en la universidad, ¿cómo se refleja tal interculturalidad en objetivos, contenidos de oferta, estructura u organización institucional? ¿Qué desafíos tiene la universidad para asumir un papel más activo en la formación de la ciudadanía intercultural?

También hay que preguntarse qué significados tiene la universidad para los pueblos indígenas, cuáles son sus expectativas y demandas en torno a la función que debe cumplir para contribuir a alcanzar con sus metas de reconocimiento de derechos específicos. Retomando a Bello (2009) y los debates presentados en varios seminarios realizados entre 2008 y 2009 en Perú, Guatemala y Brasil, a los que asistieron líderes indígenas, académicos, estudiantes y organizaciones civiles, se recuperan diversas cuestiones que preocupan a los diferentes sectores. Particularmente en la óptica de los pueblos indígenas, entre las preguntas a la educación superior se encuentra la importancia y responsabilidad que tiene como puente entre las diversas y legítimas formas de conocimiento y saber, tarea fundamental para la construcción en el debate sobre lo que algunos plantean como una ciudadanía intercultural (Prada y López, 2009; Bello, 2009). Para ello, distintas organizaciones indígenas plantean reinventar la escuela, lo cual supone ir más allá de lo que hoy conocemos como educación intercultural y bilingüe, pues ello exige una descolonización mental como instancia imperativa. Entre muchas acciones, se trata de romper la historia construida unilateralmente y consagrada como universal.

Avanzar en la utopía de la interculturalidad implicará la generación de un “tercer espacio de enunciación” –retomando a Bhabha (en Prada y López, 2009), aquél en el cual desde los márgenes se articulan y combinan tradiciones, procesos y productos aparentemente irreconciliables–, en el que se posibilita que visiones aparentemente anacrónicas (como las mesoamericanas o andinas) sean recolocadas en la discusión contemporánea, en un momento en el cual las certezas del “conocimiento científico universal” no son respuesta única frente a la creciente pobreza, devastación del medio ambiente y recursos naturales, y violencias en todos los ámbitos y niveles sociales.